enuresis

Han sido varias las consultas que hemos recibido este último año sobre los escapes de pis durante la noche en niños que ya se supone que controlan el pis nocturno. Este tema, que angustia tanto a padres como a niños, muchas veces tiene un origen fisiológico aunque tantas otras es emocional y cuánto peor se viva en casa, mayores son las posibilidades de continuar con el problema.

¿Cuándo decimos que un peque padece enuresis?

Para esto es necesario que se le escape la orina durante el tiempo que esté durmiendo, esto incluye las siestas y deberá suceder al menos tres o cuatro días a lo largo de un mes durante tres meses continuados y siempre en casos de niños mayores de 5 años.

Existe la enuresis primaria y esto se da en los niños que nunca han dejado de hacerse pis durante la noche, ya sea mojando el pañal como mojando la cama. Es un problema fisiológico, por una alteración normal de la micción y nunca psicológico. El 90% de los casos es enuresis primaria.

La enuresis secundaria se da cuando el niño o niña ha sido continente durante un período de al menos seis meses todas las noches y de pronto comienza a mojar la cama. Este acontecimiento desencadenante se puede dar en el colegio, la familia, entorno familiar.

Estado emocional de los adultos

Cuando nuestro hijo moja la cama durante las noches es importante mantener la calma, no recriminarle ni mucho menos amenazarle con castigos por haberse mojado. Siempre estos escapes son involuntarios, a ningún niño le gusta mojar la cama y bajo ningún concepto lo estaría haciendo para molestar o porque no le importe tener estos accidentes. El hacerles partícipes de la decisión de dejar el pañal nocturno es algo fundamental porque serán ellos los que nos podrán orientar sobre si se sienten motivados y animados a dejarlo.

Si nuestro hijo moja el pañal cada noche y ya tiene más de siete años, es probable que también esté acostumbrado a que el pañal hará el trabajo por el y por ello, aunque pueda resultar un desafío, es interesante proponerse el probar unas cuantas noches cambiar el ritmo, la rutina y dejar el pañal de lado.

Si los adultos nos enfurecemos o ellos sienten que nos decepcionan por estos escapes, así sean unas gotas como una gran cantidad de pipi, vivirán las noches con miedo, ansiedad y terror, todo esto favorece a que el problema no pueda resolverse si es por algo emocional.

Más allá de nuestra reacción, de demostrarles que estamos con ellos, que no tienen que sentirse avergonzados, debemos comprender qué puede estar motivando este estrés en el niño. Hacer como adultos un gran y sincero mea culpa de nuestras actitudes, incluso aunque se deba a hechos acontecidos en el colegio que no hemos sabido gestionar bien o por nuestro poco tiempo destinado a la familia, no hayamos siquiera tenido conocimiento del conflicto. Si no hay problema físico, hay uno emocional, psicológico que requiere de mucha paciencia, mucho amor y mucha dedicación como padres para que ellos encuentren la tranquilidad necesaria y los escapes nocturnos de orina sean parte del pasado.

 

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