Revista Con apego | ¿Nos ayudamos?
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¿Nos ayudamos?

madreocupada

¿Hace cuánto tiempo que no vas a algún sitio sin correr como una loca y con tu hijo en volandas? o ¿hace cuánto que no te sientes despiadado y aburrido por llevar a tu hija a remolque de gestión en gestión, prometiendo que será un ratito de nada? Si ni lo recuerdas, este post es para ti.

¡Hola realidad! nos encargamos de todas las gestiones que requieren una familia y un hogar. Y, como bien sabemos –o padecemos- no es moco de pavo.

Así las cosas, necesitamos algún tiempo sin nuestros hijos e hijas. Somos personas adultas, con necesidades de adultas inaplazables, con compromisos.

 

Una propuesta: ¡cambio!

1. puedes delegar gestiones en otras personas

2. o puedes dejar a los peques al cuidado de la pareja y dividir tareas. Una variante es dejarlos con otra persona durante unas horas.

Dos formas sencillas de descargarnos: sencillas y conocidas, que no fáciles de llevar a cabo. Ambas comparten una premisa de partida: debes permitirte que te ayuden. Es posible que estés diciendo si yo me dejo…pero mi marido no arrima el hombro igual. Casi puedo oír tus lamentos: si yo tuviera a alguien que se encargara de esto, ¡corriendo lo iba a hacer yo!

a. Necesitamos hacer cambios en nuestra forma de entender la realidad que no nos funciona.

b. Vamos a buscar nuestra ayuda. Existe, y con esfuerzo vamos a hallarla.

c. Necesitamos confiar. También, en las otras personas.

Manual de uso de la pareja

En el caso de que sigas conviviendo con tu pareja, deseo que ambos compartáis ya las cargas familiares: tareas de limpieza del hogar, mantenimientos variados, suministros necesarios, etc.

Si no es tu caso, ahí tienes un agujero donde rascar para conseguirte ayudas. Empezar pensando bien tus argumentos es inteligente. Necesitarás doble ración de herramientas de comunicación para escucharle, de verdad.

Nadie va a escucharnos si nosotras no escuchamos antes. Y esto vale para tu pareja.

Hablaremos mucho más sobre la comunicación familiar y con la pareja. Hoy, vale con que nos respondamos a estas preguntas: ¿qué pasa cuando me ayuda mi pareja? ¿cómo acepto su forma de ayudar? ¿cómo gestiono mi hogar y mi familia: como si de mi imperio se tratase o realmente estoy compartiendo decisiones y poder, y reconocimiento?

Si no tenemos claro cuál es nuestra forma de hacer, no podremos ayudarle a mejorar su forma de hacer. Y lamentarse, o dar por perdida su responsabilidad, me parece un grave error: nos deja sin ayuda a nosotras, y mina la relación de pareja que da gusto…

La gran familia y otros animales

Si eres de las afortunadas que cuentas con familiares cerca que pueden ayudarte, felicidades. Con cierto esfuerzo podrás gestionar una buena relación de ayuda con abuelos, tías, primos y demás parientes de las criaturas. Es una de las alegrías de tener a la familia extensa cerca.

Si no es tu caso, mi propuesta es tirar de tus círculos más cercanos: tus amistades y personas vecinas. La confianza está ya, o casi, pero es fácil hacerla.

Si una amiga te hace de canguro o gestiona algo por ti ganas, también, un plus en la relación de amistad: nos queremos más y mejor cuando colaboramos, cuando hay tarea común. Y esto lo es.

Si son personas vecinas, ofrece la posibilidad de ayudarte a quienes tengan también pequeñajos. El colegio de tu hija es un sitio de confianza lleno de familias con tus mismas necesidades. ¿Qué no conoces a vecindad ni gente del cole? Pues es el momento de hacerlo.  Puedes usar un tablón de anuncios de intercambios en la escalera de tu bloque o en el cole, en el centro de salud de tu zona…Seamos honestas al pedir, y agradables. Y no temas hacerlo: todas las personas nos necesitamos.

En todos los casos puedes ofrecer intercambiar ayuda, tanto cuidando hijos la próxima vez, como haciendo otra actividad o gestiones que sean útiles para la amiga, vecinos,… Acordadlo antes y ya está.

Lo peor que puede ocurrir es que te digan que no. Y siempre ganas: o tienes canguro o te hacen gestiones, o aprendes a aceptar que te digan que no y que no pasa nada, ¡que no está mal!

El premio: tiempo para ti. Mejora en las relaciones con los demás. Mayor sensación de pertenencia a un grupo sólido. Mayor seguridad. Menos culpa respecto a tus hijos. Hijas e hijos más contentos. Otro paso en la gestión eficaz de tu hogar. Tu organización funciona mejor. No está mal, ¿no?

Existen bancos de tiempo, redes de intercambio diversas. Hablaremos más acerca de estas posibilidades, que aquí tanto nos gustan.

 

 

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