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He notado que muchos adultos cuando mi hijo les habla de museos lo miran como extrañados que pueda entusiasmarle tanto ir a museos, que pida ir o repetir visitas y el otro día mi hijo me preguntaba: ¿Es que acaso puede ser que no le gusten los museos?

Está claro que hay museos de todo tipo y para cubrir la curiosidad de todo el mundo, ¡si hasta hay un Museo del Cabello en Turquía repleto de mechones de pelo!, pero si hablamos de museos + niños a muchos adultos les parece que puede ser un tostón para ellos, con lo que será estresante o frustrante para los adultos, una absoluta pérdida de tiempo y dinero.

Pensando entonces en porqué a mi hijo, y tantos otros, les encantan los museos me di cuenta que hay muchas razones y unas tantas de ellas son sencillas y comunes a todas las familias (o deberían serlo).

1. Pasar unas horas en familia entretenidos: Simplemente el decir “vamos todos juntos a…” debería ser motivo para que todos saltemos de nuestros sillones y nos pongamos en marcha, pero pasar tiempo en familia parece algo cada vez más difícil. Falta de tiempo o prioridades erróneas hace que muchas veces pase un fin de semana y otro, tras otro, y no salgamos de casa. La falta de dinero no es excusa, los museos tienen sus horarios donde la entrada es gratuita o días enteros donde podemos entrar sin límite de horario y sin pagar nada (primer domingo o último de cada mes, por ejemplo).

2. Aprender algo nuevo: Parece obvio, ¿verdad? Nuestros hijos están tan machacados en el colegio, con sus deberes eternos que ocupan gran parte del fin de semana, que todo lo que huela a aprendizaje les da grima. Lo mismo ocurre con la lectura, deja de ser algo divertido cuando se les obliga y luego no cogen un libro por placer ni locos. Hay museos para todas las edades y de toda clase, no podemos tampoco pretender que si van a un museo quieran leer cada cartelito, mirar cada cuadro o cada objeto que tengan delante. El aprendizaje debe llegar de manera natural por la curiosidad y ésta nunca se impone. Tal vez al salir del museo a vuestro hijo le haya fascinado o puede que diga que no le ha gustado nada, tampoco pasa nada ya que el tiempo que ha pasado en familia le ha enriquecido muchísimo.

3. Romper la rutina semanal: Tanto los adultos como los niños estamos sumergidos en una rutina semanal que pocas, muy pocas veces se rompe. Coger a los peques y llevarlos a la ciudad o alejarse de la urbe para conocer museos diferentes es algo que romperá con su día a día, marcará diferencia del resto de fines de semana y eso nos hace bien a todos, adultos y niños. Creemos que ellos al no tener que pensar en facturas, el dinero que no alcanza, viven en un mundo multicolor sin estrés alguno pero no es así, las jornadas escolares en España son muy largas y luego se les suman los deberes, los niños acaban su jornada pasadas las 7 de la tarde y apenas tienen un rato para ser niños entre deberes y baño. Necesitamos todos salirnos de la rutina, hacer algo diferente y los museos son sitios ideales porque ¡siempre hay algo nuevo para ver y descubrir!

4. Fomenta el diálogo: Cuando vamos a algún museo, mi hijo no para de preguntar, cuestionar y de querer verlo todo. Hay museos donde hemos ido muchas veces y otros, como el CosmoCaixa que es visita obligada cada dos o tres meses o si hay una exposición temporal. A medida que fue creciendo noté que volvía a mirar lo mismo con otros ojos y sus comentarios iban evolucionando. Cuando tenía dos o tres años miraba cosas diferentes, aunque se cansaba  antes de estar en el Museo, ese ratito bien le valía la pena. Nosotros luego charlamos, nos preguntamos qué nos ha gustado más y qué nos ha gustado menos…cuando disentimos las charlas resultan ¡deliciosamente interesantes!

5. Conocer la ciudad: Dependiendo dónde se viva, la oferta de actividades culturales de Museos o Centros Culturales es diferente. En algunos pueblos probablemente no haya más que exposiciones temporales que van exclusivamente durante una época del año. Aquellos que viven en grandes urbes, donde hay muchos museos por visitar pueden aprovechar la salida para recorrer la ciudad. El trayecto si lo realizamos en Metro o autobús puede ser una oportunidad para que nuestros hijos pasen ellos la tarjeta de viaje o paguen el viaje, que un mapa sea quien les oriente para llegar hasta el sitio que vamos a visitar, como si de una gran aventura se tratara (¡sin duda para ellos lo es!). Luego del museo, podéis comer unos bocadillos en un parque o si el presupuesto se puede estirar, comer en algún sitio bonito y rico. La ciudad ofrece muchísimas cosas, tiendas, olores, gente de todo el mundo, edificios antiguos por descubrir…tantas cosas que no tienen valor económico pero sin duda dejarán huella en nuestros hijos.

Ir a los museos es mucho más que ir a ver cuadros, esculturas u objetos raros, todo depende cómo lo vivamos nosotros para que ellos lo disfruten intensamente. Hoy es viernes… ¿qué tal si pensamos en algún museo para ir mañana sábado? ¡Buen fin de semana y a disfrutar de la ciudad!

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